500. José Novoa Orellana: «Marusiña»
¿Dónde quedará la calle José Novoa Orellana? Es una de las primeras preguntas que me hice después de leer el libro Esquema de una vida noble: José Novoa Orellana, periodista, de Caupolicán Montaldo, un breve texto, un opúsculo escrito en homenaje de ese periodista que se hará digno, a mediados de 1942, de que la Municipalidad de Valparaíso coloque su nombre a una de las calles de la ciudad.
¿Dónde se puede encontrar una publicación como esta? Aquí cabe la digresión. Cada librería tiene su sello, sus obsesiones, su público. En Santiago, recuerdo la librería de Héctor Tolosa (una librería que tenía en alta estima Luis Vitale). En Valparaíso, quizás su pariente más cercana sea la Librería San Cristóbal, en calle Independencia. ¿En qué se parecen? En la primera impresión en el caos y el polvo, pero basta que uno comience a remover lomos y superficies para que, sin que transcurra mucho tiempo, se encuentre algo interesante; a veces una verdadera joyita aparece entre los dedos.
Son aquellas librerías que responden a la definición clásica de librerías de viejo: es muy difícil encontrar noticias recientes en ellas y todo parece suspendido en un instante difícil de identificar.
Eso es lo que ocurre con Esquema de una vida noble (Puente Alto, Talleres La Libertad, 1944, 38 páginas).
¿Quién fue José Novoa? Pues nada más que «Marusiña», el personaje del relato homónimo de Carlos Pezoa Véliz.
Señala Montaldo:
Viejos hombres porteños nos han confirmado el episodio que Pezoa Véliz cuenta en su «Marusiña», y que tuvo por escenario el Cerro Cordillera.Novoa era tipógrafo, pero luego deviene en reportero y centra sus esfuerzos en la crónica de la vida obrera. En ello, evidentemente, no existe solo una opción temática, sino que fundamentalmente política.
Por preparar en debida forma una fiesta para la gente humilde de aquel barrio, olvidado de la mano de Dios y de los ediles, Novoa faltó a su trabajo. Y ocurrió lo esperado: quedó cesante.
(...)
Pero los buenos vecinos del barrio lo expulsaron cuando quiso fundar con parte de esos dineros un dispensario gratuito, y, por tanto, reducir los fuegos artificiales de la fiesta.
Encima de esta incomprensión cayó sobre Novoa Orellana la calumnia. Podía ser un espía de la policía secreta. Y por esta suposición, fue golpeado bárbaramente por manos anónimas y brutales.
La misma que lo llevará a reaccionar de manera activa, años después, durante el régimen del general Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931):
Y se dio a la tarea de rescatar hombres de las manos de la policía política. Mujeres tristes y niños hambrientos habían visto salir del hogar a más de un jefe de familia, para seguir a la cárcel camino del penal o del destierro por el delito de no adular.Si bien el relato que construye Montaldo es un tanto hagiográfico, a pesar de ello en estas breves páginas es posible encontrar algunos antecedentes sobre el periodismo y la vida obrera en Valparaíso, por lo menos a modo de pistas a seguir. Una de ellas podría ser realizar la pesquisa de los artículos que escribió Novoa Orellana, tanto para El Heraldo como para La Opinión.
Novoa gastó sus economías en adquirir alimentos y abrigos, para los que no pudo rescatar a pesar de su defensa y aún sus amenazas, porque sus razones eran violentas en este caso, y no había quien le impidiera entrar a visitar los detenidos donde estuvieran.
Se consiguió una vez el permiso para embarcarse junto con un grupo de hombres que iban a partir para Más Afuera. Pero entonces, la única vez, arguyendo cuestiones de ordenanza militar, lo dejaron en tierra.
Lleno de ira, de noble ira, se dirigió a un funcionario para protestar de este hecho, porque se sentía con el derecho necesario para hacerlo. Y el otro le contestó:
–Esos hombres, amigo periodista, no van a Más Afuera, van a más adentro.
Otra indagación, una que nos arroja a la calle, sería levantarse del asiento, buscar la guía telefónica y ver dónde se encuentra la calle «José Novoa Orellana», asumiendo que esta existe aún. No deja de ser atractivo el ejercicio. Ya en las primeras páginas, Montaldo presenta una categórica opinión sobre las calles porteñas, al menos sobre la manera que se ha tenido de nombrarlas:
Las calles de Valparaíso defienden un defecto universal. Tienen nombres de héroes y cosas heroicas, recuerdan a algunos estadistas, a filántropos que hicieron sonar bien sus monedas, y entre algunas denominaciones que evocan tradiciones, surge el nombre de especuladores que después de muertos pasaron a ser distinguidos hombres públicos; pero, en general, los hombres que se preocuparon de cultivar y hacer cultivar el espíritu –músicos, escritores, periodistas, etc.–, no aparecen en el nombre de las calles.Y, a todo esto, ¿quién fue Caupolicán Montaldo? Habrá que averiguar.
Etiquetas: CAUPOLICÁN MONTALDO, ESQUEMA DE UNA VIDA NOBLE, JOSÉ NOVOA ORELLANA














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