489. El litoral de los perros
Nuevamente texto y territorio. Ahora con este conjunto de poemas de Roberto Bescós, El litoral de los perros (San Antonio, Editorial Economías de Guerra, 2011). Quince poemas impresos en «papel comprado como saldo, además de ser armado de manera manual», se nos informa en el colofón. Y eso no es una anécdota, más bien es una declaración de principios, un manifiesto. El diseño, diagramación y encuadernación es de Florencia Smiths.
Lo compré en el local que tiene Bescós en la feria artesanal del paseo Miramar, en San Antonio. No se lo compré a Roberto, no estaba en ese momento. Para mí ya es una suerte de rito: dentro de lo posible, viajar desde El Quisco a Mirasol o bien a San Antonio; acantilados y muelles. Y, una vez en el puerto, caminar por lo que dejó como paseo el garrotazo del mall. Buscar uno de los pocos lugares donde se pueden encontrar libros en San Antonio y, más aún, libros de sanantoninos. Haciendo lo que se puede con los reducidos tirajes. Resistencia.
Me gusta hablar de la historia personal de mis libros. Me agrada más que la disección academizante que suele asesinarlos de tiempo en tiempo, o la crítica críptica que rodea de fosos, alambradas y alimañas varias el poema o la novela. Un paréntesis. Es curioso cómo a veces se escuchan los ayes porque la poesía no la leen todos los que debieran; muchas veces los propios protagonistas del aparato crítico que rodea el verso trabajan con mucho esfuerzo ahuyentando a los últimos posibles lectores.
La crítica debiera ser cómplice, en el sentido que lo planteaba Benedetti en su libro homónimo. Cómplice entre el lector y el autor, cumpliendo la función de vaso comunicante, de puente, de amigo que presenta a dos desconocidos. Sin embargo, muchas veces la crítica es una fanfarria rimbombante, que no le interesa tanto el poema o el poeta, sino el propio lustre de su voz, su imagen reflejada en los espejos, al infinito y más allá, como diría un niño. Existe una zona del ejercicio crítico que es claramente elitista, que no le interesa un lector posible, sino solo el diálogo con sus pares, si es que...
En fin, por eso me gusta hablar de la historia de los libros, porque prefiero hablar como lector. Trabajo en una editorial, eso ayuda muchísimo para tratar de no ser pretencioso en el uso de la palabra y, de paso, para no transformar un relato coloquial en un informe de lectura. También ayuda para, dicho en buen chileno, tomarse las cosas con andina que, traducido en este contexto vendría a ser algo así como: por favor, disfrutemos de la lectura, sin tener en la cabeza tanto dispositivo dando vuelta, tanta aburrida solemnidad ante un oficio que, convengamos, si bien demanda muchísimo esfuerzo, tiene muchas facetas amables.
Así las cosas, si andan por San Antonio, no pierdan la oportunidad de buscar el local de Bescós. Es probable que puedan volver a sus casas con alguna publicación más o menos reciente de un escritor o escritora de San Antonio. De este modo, así como algunos coleccionan objetos, y luego dicen, al momento de la tertulia: «mira, ese cenicero lo compramos en Valdivia». Uno podría decir, «mira, este poemario lo compré en San Antonio...». Mejor aún, lo podemos tomar en las manos, y leer uno o dos poemas.
Información turística
Sale el sol en la ciudad de servicio
se camina en los dos pies
la gente
se gana el pan o las migas
ciudad huacha como pajarillo que nació
por olvido
litoral de los perros que muerden la garúa
El turista puede disfrutar de singularidades
como las cagadas de gaviotas
o la boca del río que articula palabras
fuertes
quebrantos de las víctimas del genocidio
Bajo el ruido masivo de las murgas
broton silos
de la noche a la mañana como hierba mala
i la orilla del mar i el horizonte
se esfuman en la neblina
por la fuerza rapiña del decreto supremo
Nada más atractivo que una ciudad en donde
prospera la empresa
los funerales de los camioneros
rompen la paz de los cementerios
los perros se lamen las heridas
i presienten los huesos podridos
del entorno
Este folleto no divulga
no divulga
la mar estaba que nunca estuvo serena
el puerto rojo debajo del roquerío i los cuentos
de los lobos de mar
Despegadas las vías de evacuación
el sunami se suma a la propaganda
Perspectivas
Ni sé ya lo que guarda esta mirada
que no tiene ojos para ver
Se perfila a media luz
tu otro yo
eso que finges actuar a la perfección
parapetado en la oblicuidad de
los espejos
Se pierde la perspectiva en este abrir
i cerrar
de ojos
con mirada a la pared como te castigaban
cuando niño
la orden es no ver
Etiquetas: EL LITORAL DE LOS PERROS, LECTURAS, ROBERTO BESCÓS














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