484. Un tal Manuel Rodríguez
SERGIO ARRAU Y LA RECREACIÓN PERMANENTE:
SUS LECTURAS SOBRE MANUEL RODRÍGUEZ
El 5 de mayo de 1972, el Teatro de la Universidad de Chile, sede Antofagasta, representó en Tocopilla, a las diez de la noche, la obra de Sergio Arrau, “Un tal Manuel Rodríguez”. La obra se había estrenado en Antofagasta, el 15 de abril.
En ella participaron Teresa Ramos, Meche Chacc, José Santander, Ángel Lattus, Mario Egaña y Mario Bernales, todos ellos actores profesionales de dicha compañía. Un teatro con historia, cabe acotar, toda vez que fue fundado por Pedro de la Barra.
Según la prensa de la época la obra
es de un contenido polémico que plantea situaciones contingentes actuales, que llevan a discusión los mismos artistas, y que por ende llega directamente al público. Los actores representan a través de sus papeles, las diferentes corrientes políticas que imperan en el país (…) Se representan diversos pasajes de la vida del prócer Manuel Rodríguez, tratando de hacer un paralelo entre su actividad guerrillera y la actualidad nacional [1].Lo anterior no es de extrañar, por varias razones. La primera de ellas es que, dada la sensibilidad predominante, no era extraño en dicha época que las interpretaciones marxistas tuviesen cierta hegemonía en diversos sectores de la sociedad, incluyendo los artistas e intelectuales.
Pues bien, en dicha matriz interpretativa, el comprender el proceso chileno como la realización de lo político en tres espacios claramente definidos –centro, izquierda y derecha–, algo que era parte de los lugares comunes analíticos a nivel nacional, fue comprendido por la izquierda a partir del símil que se realizaba con el proceso independentista. Es así como tanto Luis Vitale, en un análisis general, como Patricio Manns, en otro más particular, proponían zonas de equivalencia o paralelismo entre un proceso y otro.
A ello se suma el redescubrimiento de Manuel Rodríguez que realiza la izquierda chilena, a partir de la década de los sesenta. Este proceso de reinterpretación del personaje histórico lo realiza de manera sistemática Alejandro Chelén Rojas, pero continúa en expresiones muy disímiles durante el gobierno de la Unidad Popular, como en la creación de la Orden al Mérito del Trabajo «Manuel Rodríguez», la promulgación de una moneda con la efigie de Rodríguez o la publicación de la serie de historietas El Guerrillero que daba a conocer la Editorial Quimantú cada quince días.
De este modo, no era necesario, como a inicios o mediados del siglo XX, que la rememoración de Rodríguez se hiciera en las zonas geográficas vinculadas canónicamente a su figura, esto es, fundamentalmente la región de Colchagua.
Es eso lo que se deduce de la observación periodística: revisitar la vida y obra de Manuel Rodríguez servirá sobre todo para poder reflexionar y opinar políticamente sobre el presente.
Un crítico se extiende sobre este aspecto:
Seis actores jóvenes pretextan estar ensayando una obra sobre la vida y muerte del guerrillero. Su accionar es dinámico, espontáneo, entremezclándose pequeñas situaciones individuales, incluso de corte sentimental. Los actores discuten aspectos de la vida de Manuel Rodríguez y se abanderizan con distintos planteamientos. Afloran posiciones sectarias, dogmáticas, no comprometidas o indiferentes frente a los problemas del Chile actual. El contenido del texto en tres actos proyecta la desunión de los patriotas en la lucha emancipadora sobre la realidad de nuestros días, planteando que, sobre los matices ideológicos, debe alcanzarse la unión de todos los que enfrentan a la reacción. A veces el texto es muy directo sobre las contingencias de nuestro país y las alusiones se expresan sin eufemismos [2].“Un tal Manuel Rodríguez” es una obra dividida en tres actos, con una duración de dos horas. También según comentarios de época, “durante el transcurso de toda la obra, ningún actor abandona el escenario, porque al mismo tiempo es artista y público, actúa siempre en dos planos, uno real y el otro teatral” [3]. El drama fue dirigido por su mismo autor, Sergio Arrau Castillo (Santiago, 1928), quien es egresado de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, sede Santiago. Trabajó en Perú durante quince años, como director de obras y profesor de teatro de la Universidad San Marcos. De regreso en el país, comenzó a hacer clases de teatro en la misma escuela de la que había egresado. Al momento de presentar “Un tal Manuel Rodríguez” ya había dirigido alrededor de cincuenta obras, la mayoría de ellas en Lima.
En términos técnicos, la intención del autor fue presentar una obra en la cual se pudiera apreciar el teatro dentro del teatro, una obra en dos planos. De este modo, se superponen escenas, cuadros y personajes, sin cambiar el decorado. Incluso, las ligeras modificaciones que se realizan en el escenario se realizaron a telón levantado, algo que –al parecer– llamó la atención de los críticos y comentaristas de la obra.
Como ocurrirá algunas décadas después con otras obras realizadas sobre Manuel Rodríguez, en la pieza dramática de Arrau los actores interpretan diversos personajes. Sin embargo, pareciera que la diversidad no fue tan amplia. Hubo quien hizo notar la ausencia de José Miguel Carrera [4].
A pesar de esa observación, Arrau señaló que realizó una investigación previa a la realización de la obra: “He estado metido en la Biblioteca Nacional y en el Congreso. Creo que me he compenetrado a fondo sobre la vida de Manuel Rodríguez” [5]. Esto está refrendado por la otra profesión de Arrau: profesor de Historia y Geografía. De hecho, unas dos décadas después, el dramaturgo insiste en este aspecto investigativo como una de las características de su trabajo, cuando se refiere –precisamente– a esta obra:
Lo normal es que esté metido en bibliotecas llenando cuadernos con anotaciones que copio de libros, revistas y periódicos. Luego viene la arquitecturación en que se van proporcionando las escenas que establecen la secuencia, formando el esqueleto del edificio. Claro que a veces la obra se escapa, adquiere pirandelliana vida propia, como me sucedió con una obrita en un acto que empecé a escribir sobre Manuel Rodríguez, el extraordinario héroe popular chileno, que a medida que la iba escribiendo, iba creciendo. Comprendí que debería ser en dos actos. Pero a medida que escribía el segundo, comprendí que había la necesidad de un tercero. Total, que lo que había sido planificado para durar media hora, terminó durando dos [6].Antes de estrenarse, la obra ya había obtenido algunos galardones previos: una mención en el concurso realizado por la Casa de las Américas ese mismo año, así como una mención honrosa en el Concurso Presidencia de la República.
De la obra se realizaron tres presentaciones en Calama y Chuquicamata. La recepción del público es evaluada de manera diversa por los medios regionales de la época. La Prensa, de Tocopilla, afirma que las presentaciones obtuvieron elogiosas críticas del público que asistió en cada una de las localidades en donde se presentó. Sin embargo, El Mercurio, de Antofagasta señala que esta obra, de innegable calidad, llegan “plenamente a un público receptivo, pero indefinido aún en lo que apunta a su decisión de estimular con su asistencia el buen teatro” [7].
A fines de diciembre de 1972 la obra vuelve a presentarse, pero ahora bajo la dirección de Pedro Orthous y con el elenco del Teatro del Nuevo Extremo. En realidad, consistía en una suerte de pre estreno, toda vez que “Un tal Manuel Rodríguez” formaría parte del repertorio que este grupo teatral presentaría a lo largo de la temporada que desarrollaría durante 1973, la cual se iniciaba en marzo de ese año.
Con esta nueva versión de la obra la crítica no fue tan favorable. Orlando Rodríguez señaló que, si bien el resultado es de calidad, “faltó cierta liviandad y juego en los actores, más aún tratándose de valores juveniles. A nuestro juicio, el trabajo interpretativo no ha alcanzado todavía la madurez que el tiempo otorga. Por otra parte, el director en algunos momentos buscó la plasticidad o el efecto, desplazando el contenido del texto” [8].
Sin embargo, aún le quedaba mucho camino por recorrer a “Un tal Manuel Rodríguez”.
Como lo señala el propio autor, años después él la corrige y reduce a dos partes. Dicha versión fue publicada en Pedro Bravo-Elizondo en la antología Teatrodocumental latinoamericano, publicada en México por la UNAM, el año 1982. En dicha compilación, la obra apareció con el título de “Manuel viene galopando por las alamedas”.
Un año antes, Pedro Bravo Elizondo publicó un artículo descriptivo de esta versión [9]. En él señala que la obra presenta a cinco actores aficionados, ensayando una obra sobre Manuel Rodríguez. Un canto inaugura la primera escena:
Manuel, estamos haciendoElizondo señala las indicaciones del autor para la puesta en escena de su obra. Un escenario desordenado, con sillas, mesas y trastos sencillos que serán usados por los actores. Estos usan sus prendas habituales, sobre las que colocarán algunos elementos de vestuario que los caracterizan como el personaje que deben representar.
algo que tú nos enseñaste
y como tú nos dejaste
queremos seguir viviendo;
siempre nos sigue lloviendo
ceniza y a veces lava
esta empieza cuando acaba
de morir una esperanza,
de un pueblo que en añoranza,
vibra en esta encrucijada [10].
Señala Elizondo:
El autor manipula la acción a lo largo de secuencias que siguen una ‘línea de intención’ bastante definida. Los actores aficionados llegan a un lugar abandonado para llevar a cabo su proyecto: crear una obra teatral basada en la lucha del guerrillero contra las fuerzas que oprimen al país. Algunos de ellos han investigado en los archivos históricos, pues como dice Jorge [uno de los personajes] ‘(...) todo lo que se escenifique tiene que ser histórico. En lo posible, con documento en mano’. Otros (en este caso, los espectadores) solo tienen un conocimiento casual y legendario del héroe. Los intereses en pugna del grupo –en especial la sobrevivencia en un medio hostil– afloran a medida que se van concretando y anudando las acciones de la vida del guerrillero. Al mismo tiempo, hay un reconocimiento interior de la potencialidad yacente en cada uno de ellos. Esta especie de anagnórisis es la que el autor quiere trasmitir a su audiencia [11].Como hemos visto, en su primera versión, aquella estrenada durante el gobierno de la Unidad Popular, la figura histórica de Manuel Rodríguez servía para examinar las tres formas –tradicionales– de aproximarse, de relacionarse, de comprender un proceso político radical (equiparado con el proceso independentista). Ahora, en el nuevo contexto histórico que caracteriza al país, esto es, una dictadura militar que no solo se prolonga en el tiempo, sino que avanza en la generación de una institucionalidad que la legitime, la forma de relacionarse de esta obra con dicho contexto debe, evidentemente, variar. Es así, como lo señala Elizondo, este 'Manuel Rodríguez' nos ofrece otro paralelismo histórico, que es el siguiente:
Chile en 1800 - Gobierno de Marcó del Pont - M. Rodríguez guerrilleroAsí, la obra interrelaciona, superpone, tiende a mixturar el plano histórico y el contexto actual. Ello se evidencia, por ejemplo, cuando Arrau recrea la conocida anécdota de Rodríguez en el cepo. En esta escena, Víctor representa a Manuel Rodríguez, mientras que Pancho al juez Víctor Celis.
Chile en 1975 - Gobierno militar - Manuel Rodríguez y su legado [12]
Víctor: Gracias, mi amigo. ¿Sabe que tiene magníficas condiciones como insurgente?A medida que la obra avanza se desarrollan dos procesos paralelos: por un lado se va delineando cada vez con mayor precisión la figura y el pensamiento de Manuel Rodríguez, por el otro, el grupo de actores profundiza sus definiciones; algunos abandonan el escenario (Paula y Jorge), mientras que los otros definen de mejor manera su postura política.
Pancho: (Como Juez): ¿De qué está hablando?
Víctor: Además, ha pasado a colaborar con la causa patriótica.
Pancho: ¿Cómo dice? Un momento...
Víctor: Claro que sin querer. Pero ha pasado a ser actor de ella. Ya ve que uno no puede quedar al margen.
Pancho: ¡No, no, muchas gracias! No quiero más actuaciones, por favor.
Al comienzo de la primera escena, Raúl, preocupado inquiere ‘¿Quién levantó el telón?’ a lo que contesta Jorge
Jorge: (Entrando por un costado). Yo. No te pongas saltón, que no hay nadie. Y a este local no se asoman ni las moscas.
Un comentario de Pancho, es un signo claro y evidente del clima social en que vive el país.
Pancho: Por si no te has dado cuenta, al armar esta obra caemos en ‘Sedición’. Lo menos veinte años [13].
En la obra también se teatraliza la relación de José Miguel Neira con Rodríguez, así como el ambiente en Santiago, luego de la Sorpresa de Cancha Rayada.
Luego de ensayar la obra los actores se interrogan respecto del sentido del esfuerzo. María señala:
¿Pero qué habría hecho Manuel Rodríguez en un caso así y estando en nuestro lugar? ¿Saben lo que pienso? Se presentaría clandestinamente, aunque fuera para diez espectadores cada vez. Para levantar el ánimo de nuestra gente, que bien lo necesita, para unirla más, para volver a encender el entusiasmo [14].En este momento, la figura de Rodríguez adquiere una relevancia simbólica, por sobre sus significaciones políticas. Para Elizondo,
El reencuentro de los 'actores' con el legado el guerrillero es el vínculo perdido de un país momentáneamente paralizado en su conciencia. Manuel Rodríguez es el símbolo, no únicamente de la resistencia, sino de todo aquel que abandona cuanto posee –seguridad, posición social– para entregar la vida por los ideales democráticos de liberación [15].Posteriormente Arrau le realizará leves modificaciones a esta versión de su obra, y la estrenará en 1987, en Perú, con el título de “Manuel Rodríguez viene galopando”.
Una última corrección fue identificada solamente con el nombre de “Manuel”. Las razones de estas sucesivas intervenciones sobre la obra las señala el propio autor:
Ocurre que no puedo releer una obra mía sin empezar a modificarla, así haya sido publicada, porque la encuentro plagada de defectos. O bien porque se trata de un asunto coyuntural que lógicamente va variando, que es el caso de la obra en cuestión, en que si bien es cierto que lo histórico de los hechos de Manuel Rodríguez no varía, sí el enfoque contingente autoral en relación con los acontecimientos políticos del momento [16].
Esta última afirmación nos permite confirmar lo que la crítica sostenía a inicios de la década de los setenta del pasado siglo: la obra fue concebida, más que nada, para dialogar con el proceso político vigente en esa época, utilizando para ello la figura de Manuel Rodríguez. Dicha voluntad la mantuvo Arrau en cada una de las versiones que realizó sobre su obra.
Notas
[1] “Hoy reprisan obra ‘Un tal Manuel Rodríguez’”, La Prensa, Tocopilla, 5 de mayo de 1972, p. 7.
[2] Orlando Rodríguez, “‘Un tal Manuel Rodríguez’”, Chile Hoy, Santiago, número 28, 22 de diciembre de 1972, p. 31.
[3] Ibid.
[4] Alfredo Aranda, “Dos estrenos del Teatro de la Universidad de Chile”, El Mercurio, Antofagasta, 21 de abril de 1972, p. 3.
[5] “Obra teatral ‘Un tal Manuel Rodríguez’ estrenará la U. de Chile en Antofagasta”, El Mercurio, Antofagasta, 26 de marzo de 1972, p. 7.
[6] Pedro Bravo-Elizondo, “Sergio Arrau, el dramaturgo ignorado”, Latin American Theatre Review, University of Kansas, Fall 1989, p. 137.
[7] Ibid.; “Hoy reprisan obra ‘Un tal Manuel Rodríguez’”, op. cit.
[8] Orlando Rodríguez, “‘Un tal Manuel Rodríguez’”, Chile Hoy, Santiago, nº 28, 22 de diciembre de 1972, p. 31.
[9] Pedro Bravo-Elizondo, “Manuel viene galopando por las alamedas”, Literatura Chilena: creación y crítica, año 5, nº 16, abril/junio de 1981, pp. 2-4.
[10] Versos del poeta popular Ismael Sánchez Duarte, citado por Pedro Bravo-Elizondo, “Manuel viene galopando por las alamedas”, op. cit., p. 4.
[11] Pedro Bravo-Elizondo, “Manuel viene galopando por las alamedas”, op. cit., p. 3.
[12] Ibid.
[13] Pedro Bravo-Elizondo, “Manuel viene galopando por las alamedas”, op. cit., p. 4.
[14] Ibid.
[15] Ibid.
[16] Pedro Bravo-Elizondo, “Sergio Arrau, el dramaturgo ignorado”, op. cit., loc. cit.
Etiquetas: MANUEL RODRÍGUEZ, SERGIO ARRAU















0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home