Imágenes de la revista Repertorio Centroamericano donde Julio Enrique Ávila publicó su artículo "El Salvador Pulgarcito de América", en 1946 y de la poeta chilena y Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral. FOTO / edh
Otra noticia de ayer. Esta vez desde el sitio El Salvador.com. Allí Carmen Molina Tamacas realiza una interesante nota sobre el estudio "El Salvador, Pulgarcito de América (1946) de Julio Enrique Ávila", del investigador salvadoreño radicado en Estados Unidos, Rafael Lara Martínez.
Lara Martínez sostiene que es la tradición oral la que indica que Mistral habría "bautizado" a El Salvador como
el Pulgarcito de América, durante su visita en 1931. Frase que luego ocupa Roque Dalton como epígrafe de su libro
Historias prohibidas de Pulgarcito.
Dice Lara Martínez: "Para mi sorpresa, descubrí que
Historias prohibidas de Pulgarcito (1974) —libro que se iniciaba con la 'cita' de la chilena— representaba uno de los libros más estudiados del autor salvadoreño. Sin embargo, ninguno de las múltiples respuestas críticas de la obra roqueana se tomaba la molestia de rastrear el origen documental de la famosa frase. Les bastaba repetir la máxima en cuestión para asegurarle al lector instruido, pero ingenuo, que la chilena era su autora original. Acaso, llegué a la conclusión semanas después, más que críticos serían censores del dato primario que reseñaría hechos pretéritos. Este nuevo silencio alimentó aún más mi curiosidad. El título mismo de la obra más difundida de Dalton carecía de referente historiográfico objetivo".
Como buen antropólogo y lingüista, Lara Martínez buscó ("sumergió", dice él) en la obra de Mistral, buscando dicha cita. No la encuentra. La referencia más próxima señala: "en El Salvador se ha hecho en un mínimo de territorio un maximum de trabajo", en
La Prensa del 20 de septiembre de 1931.
"No obstante, la mayoría de personas que consultaba me aseguraba la autoría de la chilena remitiéndome a fuentes que rebuscaba con mayor ahínco y leía infructuosamente. De nuevo, ya sonaba a estribillo sin sentido, se me imponía el silencio o, acaso, la conciencia tardía de la experiencia que la poeta laureada y sus anfitriones habían vivido en el país. Hacía constar una distancia entre vivencia y palabra", afirma Lara Martínez.
El investigador literario Carlos Cañas Dinarte, fue quien señaló la pista, al señalar la posesión de una copia del documento original "con la frase canónica, repetida hasta el cansancio". "La letanía no le correspondía a Mistral sino a un poeta e intelectual salvadoreño olvidado de la primera mitad del siglo veinte: Julio Enrique Ávila (1892-1968). De ser así, Dalton demostraba su amplio conocimiento de la historiografía literaria nacional, a la vez que confesaba que un libre arbitrio antojadizo guiaba su reescritura de la historia oficial. Había que tergiversar a los clásicos". No me queda claro si esta última afirmación es de Cañas Dinarte o de Lara Martínez, pero, en todo caso, es algo que inaugura una leve zona de discusión.
Notable, por decir lo menos. Para muchos puede ser un detalle, pero para otros -entre los que me incluyo- que llevamos cierto tiempo de "ocio" pesquisando las relaciones entre Dalton y la literatura chilena, esto no deja de ser una noticia interesante. Habrá que ver cómo sigue esta historia.
Para los curiosos, la investigación de Lara Martínez se puede leer en el sitio de la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica, es decir,
aquí.
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