miércoles, julio 15, 2009

294. Música en conflicto

Cuando pienso en la música y la guerra, la primera imagen que se viene a la memoria es una de las clásicas de "Apocalypse Now", de Francis Ford Coppola en 1979, aquella en donde los helicópteros estadounidenses bombardean, al son de "La Cabalgata de las Valkirias", de Richard Wagner.

Una de sus actualizaciones tecnológicas era ver los videos en You Tube, en los cuales, al ritmo de "Welcome to the Jungle", de Guns N' Roses, los marines mostraban sus andanzas por Bagdad u otras ciudades.

Pero el asunto es antiguo. Además, va más allá del uso del tambor o la corneta, como lo ilustraba a todo color Walterio Millar, para representar el Combate de El Roble, el cual me quedaba mirando con todo detalle, en aquella edad en que los uniformes no se encuentran impregnados de ideología.

En fin, el caso es que leyendo Letras de música, de Samuel Claro Valdés (Santiago, Biblioteca Nacional de Chile - Archivo del Escritor, 2000, 220 páginas), encuentro las referencias a las bandas militares que participaron en las batallas de Chacabuco y Maipú, tocando las "llamadas de combate" y los "pasos de carga". O'Higgins tenía sus preferencias, y dentro de ellas estaba la marcha "Los inmortales", la cual solicitó en Chacabuco, cuando la batalla llegaba a su fin. Como quien dice, poniéndole soundtrack a la historia de Chile.

En el asedio a Talcahuano, realizado la noche del 23 al 24 de julio de 1817, O'Higgins retorna a sus pasiones musicales. Le escribe a San Martín: "Después de las doce, anota, hice aproximar dos obuses y principié a tirar granadas al pueblo y batería del Cura; tocando la canción de la patria la música (banda) número 11, después de cada tiro".

Un cañonazo, una canción... "La melodía de las armas", habrían dicho en el siglo XIX. Y lo habrían dicho en serio.

Sin embargo, no todo puede ser tan uniformado. Recuerdo que Mabel V. proponía acompañar las salidas a la calle con música que podría salir de parlantes instalados en el edificio de la Facultad de Filosofía y Humanidades. O Rafael S., orgulloso de su familia, tocando el Lolkiñ, en las noches del once de septiembre.

martes, julio 07, 2009

293. Honduras

"Alta es la noche y Morazán vigila".

(Pablo Neruda)

martes, junio 09, 2009

292. Morir es la noticia, pero en 1932

Estas imágenes son más o menos conocidas, corresponden a las que filmó el camarógrafo argentino-sueco, Leonardo Henrichsen, el 29 de junio de 1973, cuando se realizó el levantamiento del Regimiento Tacna en contra del gobierno de la Unidad Popular. Como se sabe, son sus últimas imágenes; el oficial que le dispara y asesina, cabo Héctor Bustamante, nunca sería juzgado.

Esa imagen se hizo emblemática, e incluso fue la portada del libro Morir es la noticia, que editó el periodista Ernesto Carmona.

Pero por estos lares la historia no parece ser muy novedosa. Leyendo El cine en Chile. Crónica en tres tiempos, de Jacqueline Mouesca, me encuentro con una historia que desconocía.

Gustavo Bussenius era un camarógrafo chileno, que "había participado como director de fotografía y cámara en la mayoría de los largometrajes realizados en Chile desde 1918", señala Mouesca.

El 3 de julio de 1932 se encontraba en el centro de Santiago, filmando una manifestación de opositores al gobierno, para el noticiero del diario La Nación. Para obtener una mejor toma, se subió a la estatua del general San Martín. Cuando las tropas del ejército disparan contra los manifestantes, uno de los tiros asesina a Bussenius.

En fin, el diario de ayer trae malas noticias de mañana.

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miércoles, junio 03, 2009

291. Fragmentos de un sueño

Así, como el "clásico" caset de Inti Illimani en los años ochenta. O como un trailer mal realizado. Fotografías de ese lecho acuoso que es el sueño.

Es la presencia de Enrique Lihn el motivo: no aparece por ningún lado, pero todos hablan de él. Que John Ashbery está profundamente enojado con él, o viceversa.

Muchas notas interesantes sobre la vida de Lihn, particularmente su infancia, pero se disgregan en el cerebro a medida que avanza la luz del día. Una de ellas: Lihn u otro poeta había terminado, en los primeros momentos de su vida, sentado arriba de un tubo por el cual circulaba excremento.

Otra: un encuentro de poetas jóvenes, en la Casa Central de la Universidad de Chile. Coloquio y presentación de libro. Al final, los organizadores regalan los ejemplares de los libros, o reciben la contribución económica que se pueda. Y los libros son casi lujosos. Es un libro de Lihn, mucha fotografía y declaraciones, todas afortunadas, por cierto.

En esas páginas sale algo muy certero sobre un poeta chino que se desconoce, pero que habría que recordar su nombre, y asumir que existe.

Pero todo se diluye, lamentable.

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viernes, mayo 22, 2009

290. Osos patrióticos y soñadores

Alvarex mantiene un blog con historias de osos. ¡Pero qué osos! Pueden ver, por ejemplo, lo más reciente: Osos patrióticos y soñadores.

miércoles, mayo 20, 2009

289. Arenas (Working in progress) II

AL SUBIR LA SENDA

Al subir la senda, luego de un recodo, un pelícano crucificado. Aún carne, pluma aún. Cerco. Alambre de púas. Óxido. Propiedad privada, el letrero. En torno pastizales, dispersos árboles. Azul de cielo, azul de mar. La cabeza inclinada. Clavos en las alas. Siguiendo el ferrocarril se llega a este espasmo. En la espalda las antiguas casonas, la antigua arrogancia. Más allá del rostro la inmensidad metálica que se adivina: quillas, grúas, contenedores de granos y carne.

Aquí, sin embargo, nada pareciera habitar. Solo rastros de una huella. Ni ventanas ni puertas. Lo privado, entonces, es la seca tierra, la estrecha senda, las púas del alambre, el óxido. El sacrificado ya sin sangre. Pronto el hedor, los gusanos, y la permanencia de las palabras. La palabra propiedad, la palabra privada. Incluso después, cuando el esquelo sea viento, ni siquiera polvo en los ojos.

La advertencia al medio del tránsito. No hay continuidad desde la hoja al aire, de la raíz al vuelo. Fractura. Geografía rota por el signo antiguo. El ave cantada por el francés acá es el rígido estandarte de la violencia. Claveteado a la división, al margen, a la distancia. A pesar de que las ramas navegan sobre los alambres.

Devolver a la tierra, a las aguas, al ser sacrificado. Entonces se anuncia el viento. Plumas que parecen respirar. Como si todavía. Se continúa la senda, en el silencio de los templos. Solo un manotazo. Dos palabras ahora entre pequeñas piedras, polvo, maleza, una bolsa plástica, vacía.

lunes, mayo 18, 2009

288. Mario Benedetti, volver a pasar por el corazón

1993, Mollina, Málaga, España. Benedetti participa del encuentro "Literatura y Compromiso", que tuvo como director literario al escritor español Ignacio Sanz. Casi un centenar de escritores jóvenes compartiendo por unas semanas con tipos enormes como José Saramago, Juan Goytisolo, Jorge Amado, Wole Soyinka, Juan José Arreola, Ana María Matute, Abel Posse o Lasse Söderberg.

La timidez inicial se deshacía pronto: el hombre era afable y sencillo, muy sencillo. Así que fue relativamente fácil atreverse a contarle que en la universidad, con motivo de un acto por los derechos humanos se había leído un poema de él: "Hombre preso que mira a su hijo". Claro, no le expliqué en detalle que, en realidad, todos los números artísticos habían fallado, y que debíamos realizar la actividad cultural sí o sí, porque todos los otros aspectos de la movilización ya estaban listos. Así que fue una lectura extraña: de pie sobre una mesa del casino, y luego de unas pocas palabras ya estábamos al medio de la avenida. Benedetti solo preguntó: "¿Y alguien resultó herido?, ¿hubo algún detenido?". Mi gran vergüenza al no recordar de inmediato esos detalles. Pero me parecía que no hubo ni lo uno ni lo otro, y así se lo dije, solo para escucharle murmurar dos o tres frases sobre la responsabilidad que existe en el acto de escribir.

Aprovechando el impulso, le pregunté por el poema en cuestión, que está dedicado al "Viejo" Hache (Aún así, en la dedicatoria, protegiendo la identidad). Me contaba que el hombre había existido, pero que no era tan viejo, más bien lo contrario. Y que en la organización nadie apostaba mucho por él, por eso de ser muy delgado y, más encima, libresco. Pero el "Viejo" aguantó. Él sabía con exactitud en qué casa se encontraba escondido Benedetti; nunca llegaron a ella.

Después, aprovechando el delirio de jóvenes que se acercaban a los grandotes esos para pedirles un autógrafo, me acerqué con una antología poética publicada por Alianza Editorial. "¿Cuánto te costó", fue su pregunta, la cual -debo reconocerlo- sentí que era bastante mundana. Sonrió a plenitud cuando le confesé que lo había robado hace unos días, en una librería de Málaga. Le expliqué las razones de ese acto. Al día siguiente, se acercó con un libro en sus manos: Las soledades de Babel, me lo regaló, con dedicatoria ya incluida: "Para que no tengas que robarlo", me dijo. Lástima grande que ese libro ande extraviado por ahí...

En una nueva visita a Málaga, esta vez nocturna, tuvimos una sobredosis de Serrat. Tantas veces escuchar "Mediterráneo" tendría sus consecuencias. Saliendo del restaurant varios partieron a meter las manos, los pies e incluso algunos todo el cuerpo en las aguas que bañaban la costa; en mi caso: fiebre casi de inmediato. Nosotros volvíamos en bus, y los grandotes en autos. Benedetti pregunta si no quería en el auto con ellos, y yo firme en la decisión de viajar en bus, con una extraña mezcla de dignidad y vergüenza. Claro que fue pésima decisión, porque la temperatura ascendió emocionadísima, hasta que el poeta cubano Pedro Marqués de Armas, que también es médico, acudió a atender al suscrito.

No terminaba de salir de la fiebre, cuando quedamos de juntarnos con el hombre, al día siguiente, a las tres de la tarde, para conversar un par de cosas. Esa noche casi no dormí. En la mañana tomé los medicamentos que me recetó Marqués de Armas. Me desplomé en la cama, desperté cuando ya casi se iniciaba la nueva noche. Horas después, el hombre se fue de Mollina.

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